Entornos frágiles, Sostenibilidad, Mediterráneo oriental

Primera línea de respuesta frente a la crisis climática

ICM
23 enero 2024

Neha Mankani dirige el proyecto de Evaluación y Fortalecimiento de la Capacidad de las Asociaciones de Matronas en la ICM y se graduó en el Programa de Jóvenes Matronas Líderes. A través de su organización benéfica Mama Baby Fund, Neha y su equipo han proporcionado kits de parto y atención en partería para salvar vidas a más de 15.000 familias afectadas por las inundaciones en Pakistán. Este año, Neha fue nombrada una de las 100 Mujeres de la BBC en la categoría de Pionera del Clima 

Este mes, Neha nos trae un blog en el que describe su trabajo en la primera línea de respuesta frente a la crisis climática.   

Rukaiya, que dio a luz en nuestra unidad de partos liderados por matronas de la isla de Baba, comparte conmigo un tazón de curry de cangrejo en el patio trasero de su casa. Con vistas al mar Arábigo y a los manglares debilitados, el patio se transforma con las mareas. Con la marea alta, el agua amenaza con apoderarse de su casa, mientras que, con la marea baja, todo lo que puedo ver es lodo y bolsas de plástico. 

Estoy aquí para visitar a Sara, la cuñada de Rukaiya, quien dio a luz ayer a su primer hijo. El calor sofocante y la escasez de electricidad, disponible solo la mitad del día, hacen que nuestra conversación sobre cómo mantenerse fresca ella y el bebé sea aún más crucial. Le insistimos sobre la importancia de la hidratación.  

Como matrona en una isla pesquera costera de Karachi (Pakistán) afectada por el clima, mi papel va mucho más allá de atender a mujeres embarazadas y bebés. Las islas de Baba, Bhit, Shamspir y Salehabad, antaño un refugio tranquilo para los pescadores, se enfrentan ahora a la dura realidad del cambio climático, que afecta no solamente al medioambiente sino también a la salud y el bienestar de sus habitantes. En esta comunidad, nuestro equipo de dos matronas, Jahan y yo, desempeña un papel crucial de apoyo sanitario en medio de los retos que supone un planeta que se está calentando. Desde coordinar los planes de emergencia durante las tormentas marinas hasta abordar los efectos en la salud mental del estrés inducido por el clima, somos matronas y primera línea de respuesta.  

Las comunidades pesqueras costeras se enfrentan a la subida del nivel del mar, a patrones meteorológicos impredecibles y a la amenaza de fenómenos extremos como los ciclones. A medida que estas comunidades se adaptan a las cambiantes condiciones medioambientales, nos encontramos en la intersección de la asistencia sanitaria y la resistencia climática. El aumento de las temperaturas, combinado con la degradación del medioambiente, ha provocado en esta comunidad cambios en los patrones de enfermedad y una mayor vulnerabilidad a las enfermedades transmitidas por vectores, las enfermedades cutáneas, los problemas respiratorios, una serie de enfermedades infecciosas y el impacto directo e indirecto del calor en la salud materna y neonatal. 

Hemos visto cómo nuestra pequeña clínica de una sola habitación, gestionada por una matrona, se convierte en un espacio seguro para mujeres de toda la comunidad de pescadores, que atiende a una población de más de 25.000 personas. En medio del caos, hay un profundo sentido de comunidad. Los isleños, identificados por sus experiencias y luchas comunes, se unen para apoyarse mutuamente. Como matronas que estamos con ellos en algunos de los momentos más alegres y difíciles de sus vidas, también nos hemos convertido en miembros de confianza de esta comunidad tan unida. Formar parte de esta hermandad y del desorden de la vida humana es la parte que más me gusta de mi trabajo.   

La comunidad ha coexistido armoniosamente con la naturaleza y el mar durante generaciones y hemos aprendido cómo esto da forma a las prácticas culturales en torno al nacimiento y el posparto de las familias.  Los cambios medioambientales en los ecosistemas costeros han afectado directamente a los medios de subsistencia de esta comunidad de pescadores, lo que ha repercutido significativamente en la salud y la nutrición materna e infantil y, por ende, en los resultados de los embarazos. Ayudamos a las mujeres de la comunidad a aprender unas de otras sobre dietas sostenibles y de origen local, y sobre la importancia de la lactancia materna y de las fuentes de nutrición resistentes al clima para las familias. Compartimos cómo todos podemos ser responsables del medioambiente de forma colectiva. 

Uno de los aspectos más significativos de mi trabajo es adaptarme a las necesidades cambiantes de las futuras familias. Atender a esta comunidad nos ha ayudado a aprender sobre adaptabilidad e innovación. Nuestro barco-ambulancia, equipado para soportar condiciones meteorológicas adversas, permite a las matronas llegar a zonas remotas con mal tiempo y ofrece a toda la comunidad transporte marítimo gratuito en caso de emergencia y para derivaciones médicas. Además, consultamos a distancia con otras especialidades sanitarias, lo que minimiza la necesidad de desplazamientos innecesarios y reduce la huella de carbono asociada al acceso a servicios sanitarios en la ciudad. Nuestra clínica, que funciona con energía solar, es respetuosa con el clima y garantiza que podamos prestar asistencia de forma segura incluso cuando no hay electricidad en la comunidad.    

Al reflexionar sobre mi papel en esta comunidad, pienso en la urgente necesidad de enfoques holísticos y sostenibles de la atención sanitaria materna en todo el mundo. El modelo de atención dirigido por matronas es un método eficaz para proporcionar una atención de calidad y culturalmente apropiada, al tiempo que reduce la huella de carbono de la salud materna y reproductiva. Adoptando iniciativas ecológicas, aplicando prácticas basadas en pruebas y fomentando el generar conciencia dentro de la comunidad, las matronas pueden convertirse en poderosos agentes de cambio frente a los retos climáticos, garantizando los principios de la sostenibilidad ecológica. 

Al salir de la isla aquella tarde, pasé por delante de la casa de Rukaiya. La marea invadía la orilla y Sara acunaba a su recién nacido mientras vigilaba al hijo de Rukaiya que jugaba en el agua del mar fuera de su habitación. Reflexioné sobre la profunda belleza que reside en esta resistente comunidad costera y la gratitud que siento por formar parte de su historia.